Ayer por la tarde asistí a la presentación del nuevo poemario del poeta Jesualdo Jiménez de Cisneros. Fue hermosa. Me fui a casa con la sensación de haber estado en un lugar donde la belleza se compartía sin prisa. Es bonito cuando una presentación no solo se escucha, sino que se siente, y ayer fue una de esas veces.
Su conmovedor poemario “Así Freddie Mercury baje del cielo” tiene una fuerza impresionante. No es una colección de versos complacientes o superficiales; es una inmersión profunda y visceral en las entrañas del dolor, el desengaño, la soledad, el olvido y finalmente el esperanzador comienzo de un nuevo ciclo vital.
En el comienzo de su poemario una luz inesperada irrumpe como un “milagro” cuando el corazón, curtido en la desilusión, ya no esperaba la tibieza de otro encuentro, cuando la soledad se había convertido en un hábito resignado, y el amor en una palabra casi olvidada, surge delicado y firme, un nuevo amor que lo cambia todo.
Es la prueba palpable de que la vida en su infinita sabiduría guarda secretos hermosos incluso para aquellos que creen haberlo perdido todo. Es el recordatorio silencioso de que el corazón, aunque herido, conserva la capacidad de florecer de nuevo, impulsado por la fuerza misteriosa y siempre sorprendente del amor auténtico.
Desde la primera página de “Así Freddie Mercury baje del cielo” hasta la última página despliega un lenguaje poético de una autenticidad escalofriante, y capaz de erizar la piel .
Los poemas aquí son lamentos crudos, imágenes desoladoras. La metáfora de la ceniza es recurrente, palpable en cada verso que describe la ausencia, el vacío que deja la persona amada, el sabor amargo del desengaño que corroe las ilusiones. La soledad se personifica, se convierte en un huésped frio que habita los silencios y las noches insomnes.
Su poemario no edulcora el dolor; lo expone en su desnudez más punzante utilizando un lenguaje directo y evocador que evita el sentimentalismo barato para alcanzar una verdad emocional visceral.
La fuerza de sus poemas reside en su capacidad de transmitir la experiencia sensorial del dolor, haciendo que el lector no solo comprenda intelectualmente la pérdida, sino que la siente en carne propia.
Sus poemas hablan del lento y valiente acto de reconstrucción, de la posibilidad de encontrar un nuevo sentido después de la devastación. El comenzar “de cero” no se presenta como una negación del pasado, sino como una aceptación de la cicatriz y una apertura hacia un futuro liberador.
No hay artificio en su poesía; cada palabra parece surgir directamente de una experiencia vivida, de un corazón que ha conocido la pérdida y la ha transformado en arte poético. La poesía no es un adorno. Es la fuerza que arranca al hombre de lo trivial y lo enfrenta a lo eterno, a lo bello y a lo terrible, con la única arma que tiene: la palabra.
Este poemario no solo se lee; se siente, se vive y se recuerda mucho después de haber pasado la última página.
PURI TERUEL ROBLEDILLO. Poeta.




